Porque al final del recorrido…

Ningún destino es rosa

ningún camino de oro

sé que hay más que eso.

Armé un reino de sal y arena

no me arrepiento, por nada, de nada.

 

He tomado estas decisiones,

he elegido un camino diferente cada vez

he errado, he acertado;

ha dólido, ha sido ameno, ha sido grato.

No me arrepiento, siempre aprendí.

Aun cuando el mundo se vino sobre mí

 

He mirado a través de cada par de ojos

he escuchado cada tipo de voz

he intentado hallarte… te he hallado, me he hallado

Pero te perdí, y me perdí también.

 

Sé que mis demonios me siguen

cada vez que siento

sea frío, sea cálido.

Pero no importa

pues camine mis pasos

deje que mis sueños me guiaran

y mi alma por los cielos volará.

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Tener miedo…

Voy caminando por la oscura calle. Odiaba salir tan tarde del trabajo, pero no podía darme el lujo de dejarlo. Necesitaba el sueldo, era bueno, y yo tenía que pagar un alquiler cada mes. Acelere el paso, abrazándome a mí misma, sosteniendo con fuerza mi cartera con una de mis manos, en la otra tenía un gas pimienta. Sé que son ilegales, nunca tuve que usarlo, pero una nunca sabe.

Estoy a tres cuadras de la avenida, cuando llegue voy a estar más tranquila. A esta hora, todavía, hay mucho movimiento de coches. Además de que esta mil veces más iluminado que por estas calles estrechas y silenciosas.

Cuando estoy a solo cien metros de aquello que me da un poco de paz siento un sonido en la distancia. De reojo intento ver qué es. No veo nada. Por las dudas acelero el paso. Mis pasos resuenan con un eco infernal, mis sentidos se ponen en alerta, y mis nervios me juegan malas pasadas. Mi cabeza no deja de pensar. Intento quitar cualquier tonta idea de mi cabeza y continúo.

Al llegar a mí ‘amada’ avenida respiro. Freno el paso, busco en mi cartera mi celular y reviso la hora. Ni siquiera intento sacarlo, por las dudas. Me acomodo y sigo camino. Desde acá tengo un poco más de recorrido, pero, como dije antes, me siento más seguro por acá. De cualquier forma mis pasos jamás aminoran. Cuanto antes llegue, mejor.

Cuando ya me quedan unas pocas cuadras, algo llama mi atención. Por lo que decido hacer lo que creo mejor, cruzo la avenida y continúo mi camino por lo que es el metrobus de la ciudad. Es todavía  más iluminado, y hay gente que espera por su colectivo para llegar a casa. A mí no me sirve ninguno, además estoy a pocas cuadras. Lo sé, soy una masoquista, pero si puedo ahorrarme un par de pesos, lo hago.

Camino una, dos, tres cuadras sobre el metrobus. Cuando llego a la cuadra donde tengo que volver a cruzar la avenida para llegar a mi edificio, miro a ambos lados y cruzo. Por suerte en ese andén hay varias personas. Cuando  estoy llegando a la vereda de enfrente, un auto frena atrás mío. Abre la puerta, y yo empiezo a temblar. Una mano rodea mi cintura, otra cubre mi boca cuando intento gritar. Lágrimas comienzan a salir al instante. Mis ojos llegan a ver a un par de personas que lo ven todo. Pero no hacen nada… Lo siguiente que recuerdo es negro…

24 de marzo, 41 años después…

Soy una persona que no se crió con una enseñanza muy “coherente” acerca de lo que pasó. Recuerdo mi primer choque de realidad. Estaba en 8vo grado, y el centro de estudiantes  había hecho una muestra, por así decirlo, en conmemoración del 24 de marzo. Recuerdo que hicieron una representación, sabana de por medio, de una tortura.

Recuerdo haber llegado a casa y, cuando mi mamá llegó del trabajo, preguntar. Recuerdo no haberle comentado nada acerca de lo que ví. Solo preguntar. Porque me chocaba. Porque no entendía. Porque todo lo que yo había escuchado hasta ese momento no tenía mucho que ver con lo que había visto ese día.

Y recibí la misma respuesta de siempre: “Los montoneros mataron también”. Esa frase sigue repitiéndose una y otra y otra y otra vez en varios discursos que he escuchado. Incluso en los de una madre que es docente también. Discurso que escuche de parte de otra maestra, una de mi pequeña ciudad en Santa Fe, que, además, es catequista: “Era una guerra interna”, “había dos bandos”.

Y mi confusión se hizo mayor. Porque mi colegio es uno que perdió un aula entera de alumnos durante esa nefasta y trágica época de nuestra historia. Escuché atentamente a mis profesores, algunos que vivieron esa época más lúcidos que otros (por edad más que nada).

Y me pregunté quién tenía razón. Recuerdo esperar con ansías tener historia argentina en mi segundo año del polimodal. Pero aquel año mi profesor no llego a dar esa parte como yo hubiera querido. Fue rápido, confuso. No llegue a comprender realmente lo que había pasado. Cuestión de tiempos escolares, realmente. Estábamos con la soga al cuello, no fue porque no quiso. Directamente no pudo.

Y luego de ello vino la facultad. Y en el proceso, comencé a leer. Comencé a escuchar muchas voces. Comencé a darme una idea más armada. Y empecé a desconfiar de alguien de quién no debería. Pero lo hice. Porque sentí que me mintió. Sentí que me ocultó parte de la verdad para que su discurso fuera más válido.

¿Sabes por qué siento que me mintió? Porque fue la misma persona que me dio a Mafalda para leer. Porque fue la primer persona que jamás me impidió leer. Si de algo tenía para tirar al techo eran libros.

Y me sentí defraudada. Porque esa misma persona que me empujaba a leer, a aprender, a pensar. Esa misma persona sigue insistiendo que “me lavaron la cabeza” en el secundario (de hecho, sigue teniendo una especie de odio hacia un profesor que lo único que hizo fue empujarme a pensar más allá). Me defraudé, porque por mucho tiempo creí que mi forma de pensar era la de una persona que no era inteligente. Y deje de tener cierta seguridad en mí misma.

Hoy, esa persona, sigue diciendo “basta con la dictadura, ¿no pueden dejar eso atrás de una vez?” Y yo la escucho y me pregunto si ella pudiera seguir viviendo como si nada sin saber dónde carajos está el cuerpo de uno de sus hijos desaparecido durante esa época (o cualquier otra). Porque no tenes que coincidir con él, pero eso no justifica su secuestro, su tortura, su homicidio.

Porque una vez leí una frase que dijo San Martín: “La patria no hace al soldado para que la deshonre con sus crímenes, ni le da armas para que cometa la bajeza de abusar de sus ventajas ofendiendo a los ciudadanos con cuyos sacrificios se sostiene. La tropa debe ser tanto más virtuosa y honesta, cuando es creada para conservar el orden, afianzar el poder de las leyes y dar fuerza al gobierno para ejecutarlas y hacerse respetar de los malvados que serían más insolentes con el mal ejemplo de los militares. La Patria no es abrigadora de crímenes”

No tener MEMORIA, implica la posibilidad de repetir. Y últimamente estamos repitiendo muchas cosas. De hecho, hoy por hoy escuchamos voces que plantean que “no hace falta marchar para luchar” (una ignorante de la historia en general. No ha habido cambios sin luchas y marchas. El primer ejemplo es el día de la mujer. Es el recuerdo de la muerte de muchas mujeres encerradas en una fábrica. Mujeres que luchaban por tener un mejor sueldo.)

Me sorprende que muchos se llenen la boca con los próceres. Pues hay uno que dice: “Si los pueblos no se ilustran, si no se divulgan sus derechos, si cada hombre no conoce lo que puede, vale, debe, nuevas ilusiones sucederán a las antiguas y será tal vez nuestra suerte cambiar de tiranos sin destruir la tiranía”, lo dijo Mariano Moreno. Hace más de 200 años. Pero seguimos sin aprender.

Recordar no implica vivir en el pasado, no necesariamente. Tener memoria es recordar el pasado, para aprender para el presente. Pero primero deberíamos, TODOS, estar de acuerdo en algo: la violencia, sea de quién venga, jamás traerá nada bueno. Y NADA, JAMÁS, la justificará. Sobre todo si ha causado una herida tan grande como haber intentado eliminar la semilla de la libertad.

Un ingeniero y el tenis

Mi viejo es un tipo bastante duro. Típico ingeniero que no te muestra una emoción ni aunque le pongas una pistola en la cabeza. Es terco, es tozudo. Es terriblemente lógico. Las matemáticas guían su vida a tal punto que las cosas que nos une, como la fotografía, la computación o el tenis, los convierte en matemáticas… y juro que mi cara, cuando lo hace, es la misma que pone Mafalda al ver sopa. PUAJ (No sé si se nota, ODIO las matemáticas)

Su historia con el tenis empezó de muy joven, aunque creo que nunca lo vi jugar. Al menos no que yo recuerde. Él lo ama, lo encandila. No importa quién juega, el queda hipnotizado con ese juego. Un juego que tarde en entender, pero que al hacerlo lo ame (aunque soy PÉSIMA en deportes). Tanto que para lo único que me rompe más pelotas que estudiar, es para preguntarme “¿vas a ver el partido?”.

¿Cómo comencé a admirar ese deporte? No tengo idea, sé que comencé a verlo cuando empecé mi especie de obsesión con cualquier deporte, un equipo, una selección… y mi gloriosa adolescencia. Mientras mis amigas aprendían a caminar con tacones, yo estaba al pendiente de toda la programación deportiva en la TV. En otras palabras, cuando Cañas, Gaudio y compañía lograron volver a llevar a Argentina al grupo Mundial. Todavía recuerdo un análisis que hizo Salatino en Fox acerca de la primer serie, contra Australia en el Lawn Tennis. Recuerdo el temor al doble, que era poco probable que ganaran. La serie termine 5 a 0 a nuestro favor. Aquel año llegaron a las semis, la primera de muchas. Esa semifinal donde el GRAN David debutaba en la Davis, y se convertía en Rey, el copero. Nadie va a quitarle eso. Recuerdo ese dobles con Arnold y David versus  Rusia. El MARATONICO dobles de 7 o 9 horas. Y más maratónico el último set… 19-17, si no recuerdo mal: 3 horas de duró aquel set.

Solo recordarlo me emociona. Pero con el tiempo deje de seguirlo, entre el trabajo y la facultad he perdido el tiempo que antes le dedicaba. Más me entero, leo. Al menos eso. También el hecho de que aquellos deportistas que seguía se fueron retirando, y los que quedaron, para mí no eran lo mismo. Así que una cosa llevó a la otra…

Pero ese fin de semana fue diferente, por alguna razón me senté a ver el dobles, y cuando perdieron pensé: “Ya está, no hay manera que la den vuelta”. No les daba una posibilidad, en parte porque no entendía la razón por la que Del Potro había jugado el dobles, siendo que ni es doblista, ni era parte de la pareja oficial del equipo.  En mi cabeza solo aparecía una sola idea, “se cansó durante el dobles al pedo”, así que el domingo me limite a seguir el partido, el cuarto punto, por twitter. El quinto punto lo miré, tenía mis dudas, pero lo quise mirar. Y mi viejo se embobó de nuevo. Se quedaba mirando como si nada más existiera. No es como las veces que yo quería que me prestara atención, él me miraba pero su mente estaba en otro lado. No, claro que no, mi viejo estaba total y completamente hipnotizado.  No voy a negar que algo festeje que hayan ganado ese punto, incluso disfrute ese quinto partido. Pero lo que más me lleno, lo que más me emociono el alma, lo que hizo que llorara fue girar y ver a mi viejos emocionado hasta las lágrimas. Mi viejo no se emociona, NUNCA. Es matemático, lógico, ingeniero… en su ecuación no existe la demostración de sentimientos. Excepto el domingo.  Ese día agradecí esa victoria, solo por ese momento con mi viejo.

100 Suns

100 suns

reserva

Podría sentarme a observar el panorama durante la eternidad. Y, sin embargo, seguiría sin entender… sin tener la mínima idea del porque.

Es como un maldito laberinto, con entrada… pero sin salida. Es frustrante sentir (y saber) que sobre nosotros hay pequeños grandes gigantes tirando de los hilos… tomando nuestras propias decisiones.

Lo heroico de dar un paso milimétrico, que pueden anular con ningún esfuerzo. He leído sobre la libertad, más siento que no podré sentirla jamás.

Aún así sigo insistiendo. Porque puedo sentir ese latido, ese que ni mil ciudades pueden apagar. Desde la lluvia hasta la montaña, se hace escuchar. Se hace sentir, como un grito desde el alma. Clamando aquella libertad que por derecho tiene. Simplemente porque ella la creo. Ruge… por ser comprendida, y si tiene que destruir(nos) para crear, lo hará. Porque ella puede hacerlo.

Alma, corazón y vida

Hace 15 años atrás comencé a descubrir que los sueños, por más imposibles que sean, pueden cumplirse. No sé cómo, ni porqué, pero hace 15 años empecé a seguir a un grupo de pibes… sí, en esa época lo eran, al menos en edad lo eran. En ese tiempo entendí que con pasión, con amor propio, con el alma y el corazón se pueden mover montañas.

Mientras escribo me voy acordando de muchas cosas, y con los recuerdos, las lágrimas se me salen de los ojos. Lo cual es mucho decir en mí. Quizá peque de ser parcial, pero para mí no solo son el mejor equipo del país, sino del mundo. Son el mejor ejemplo que puedo tener para cualquier situación de mi vida. Porque ante cada obstáculo que tuvieron, supieron enfrentarlo, y vencerlo.

Siempre los vi como una especie de soldados, no cualquiera. Sino como aquellos que tuvieron la osadía de cruzar Los Andes con San Martín. OJO, son tan humanos como los primeros. Y como tales, tuvieron sus victorias, así como también sus derrotas. Pero siempre cayendo de pie. Jamás los vi dejarse vencer, ante nada ni nadie.

He visto más alma y corazón en cada uno de ellos, que creer que no van a salir a dar lo que tienen y lo que no ni lo discuto. No son simplemente un equipo de básquet. Son mi ejemplo.

Recordar que hasta la última milésima de segundo han dejado hasta el último suspiro, como contra Serbia y Montenegro, en aquel primer partido de Atenas 2004, o el último partido contra Brasil. De hecho, voy a tomar las palabras de uno de ellos: “La generación dorada nos enseñó lo valores”. Cuando Campazzo lo dijo, fue luego de la victoria frente a Brasil, refiriéndose al partido y al modo de jugar y dejar todo. Aunque me ánimo a arriesgarme que esos valores no solamente son para dentro de la cancha. Y puedo decirlo, porque es lo que yo siento y creo.

Por eso escribo esto, aunque lo más probable es que nunca les llegue (aunque esta vez voy a intentar hacer que les llegue). Porque necesito qué sepan que son para mí. Porque quiero que sepan que no son solamente mi ejemplo, sino el de millones. No solo argentinos, sino del mundo.

Fueron 15 años, y sé que van a ser más, porque hay algo que los hizo eternos y eso es su ejemplo, para los de afuera, como para los que están hoy jugando con ellos.Hoy solo quedan 4 de aquellos guerreros, pero hay muchos más que siguen su camino por más tiempo.

GRACIAS: Por hacer que el corazón lata como si una estuviera en la cancha jugando con ellos. Por dejar el cuerpo, la energía, el corazón y el alma cada vez. Por enseñarme que sin luchar, los sueños no se cumplen, y por sobre todo, por darme eternas alegrías.

Up&up

Una y otra vez, como viciosos círculos, repito una y otra vez lo mismo. Todo parece vacío, todo lastima. Cualquier rastro de sentimiento me abruma, me mata…

Pero existe una cosa que me mantiene viva: mi libertad. Sé que tengo estas cadenas invisibles que no puedo cortar, pero cuando mi corazón galopa la mayor de sus carreras, puedo volar alto y más alto. Alcanzo a tocar el cielo con las manos. Tengo la fe que necesito para levantar mi mirada, para continuar. Y junto a eso, tengo ese sostén que nunca me abandona. Aquellos que me aman simplemente porque sí. Los que darían su vida por mí y yo por ellos.

Puedo caer mil veces, puede doler como la peor traición, pero algo que empuja a levantarme y seguir. Aquello que me empuja a continuar, a no dejarme vencer por nada ni por nadie. Eso que hace que mi corazón lata y mi alma me dé la energía que mis piernas ya no tienen.

Nada puede matarme, nada excepto yo misma. Y eso me impide darme por vencida.